
No era la primera vez que un miembro de la antigua familia Sapo pasaba una noche en la cárcel. Hubo Sapos que pasaron una, dos, hasta años encerrados por distintas razones: piratas, granujas, estafadores y estafados, enagañadores y engañados. Claro, el asunto era que nigún Sapo había ido a parar tantas veces y tan seguido tras las rejas, más aún, si se trataba de las casi inversímiles situaciones que arrastran -como esa noche- a nuestro amigo Sapo a estar frente a la Ley.
Henry Oswald Segundo Sapo es todo un ejemplar, de cuna más que reluciente, nunca ha sabido cómo ordenar bien su fortuna. Tal vez lo solitario que ha sido, pues es huérfano, y la gran cantidad de riquezas heredadas han contribuido a formar a un Sapo algo loco, amigo de todos sus amigos, ingenuo y aventurero a más no poder, sentimental hasta sus patas, con un corazón enorme y solidario. Una figura intrépida y muy elegante, altiempo que very chic en sus aficiones como en sus modales.
Luego del impacto del accidente en su automóvil (esa máquina infernal para Tejón y Topo) Sapo fue a para allí a la cárcel: solo, sin amigos ni comodidades y nos es que fuese un snob, soportaba todo con espíritu deportivo, todo, escepto la falta de compañía. Por eso es que cada vez que se siente muy solo terminaba, no sabía cómo, metiéndose en un lío.
Esa noche, Sapo no podía conciliar el sueño, buscaba y buscaba una explicación a su plan de atravesar el pueblo a toda velocidad!!!! para llevar al límite los poderes de su "máquina del viento", pero ese descarado letrero había entorpecido su ruta y con ello, su jugada maestra.
Lloraba Sapo por haberse arruinado su aventura, pero lloraba más por extrañar tanto a sus amigos: cómo le gustaría estar en su casa acompañado de del suave aroma de la pipa de Tejón; de Julius con sus historias; Topo Soñoliento, su gran amigo; Spiro Puercoespín, aunque fuera con sus largos silencios; el comisario Ratón y el amigo de la otra tierra, la tierra de los Hombres para que le hablara de automóviles, barcos, aeroplanos, lugares fantásticos. Pero estaba ahí, engrillado de sus dos patitas y sentía hambre, frío, mas sobre todo, se sentía triste y solo.
Fue por esas razones y por culpa de su acelerado carácter que decidió iniciar su ¡¡¡¡¡Fabuloso Plan de Escape de la prisión!!!!!!!
Luego te escribo qué sigue, se pone de pelos!!!
Un beso,
Papá.
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