lunes, 28 de abril de 2008

Sin duda es la Lluvia


El señor Tejón despertó temprano la mañana de domingo, no podía ser apenas eran las cuatro de la madrugada cuando ya no pudo volver a pegar un ojo. Se pueso las pantuflas, la bata de franela y los espejuelos para ver si clareaba el día o sólo continuaba la noche con su continuo sonar crepidante. Sin duda es la lluvia se dijo para sí mismo, qué otra cosa podría inquietarle. Había tomado sus medicinas, las postigas de las ventanas estaban cerradas, la estufa apagada para no provocar los incendios que ólía generar Topo y su frío crónico. Todo parecía en orden, pero algo lograba inquietar a nuestro amigo.

Es mejor que vuelva a la cama, se dijo y actuó. Volvió a tratar de cerrar los ojos con esfuerzo pero nada. Decidió poner fin a su dormir, preparó el desayuno y luego de la taza de chocolate y algún trozo de pastel que encontró se decidió a tomar el libro que había dejado por la noche.

Nuevamente acomodó sus espejuelos, cargó su pipa con el tabaco que le había llevado hace unos días yo mismo y se dispuso a continuar.

Apoco andar de su lectura pareció escuchar un ruido siniestro vagando por la habitación, le entró un escalofrío de eso que pican la parte alta de la espalda y eriza el pelo del cuello. Miró sigilosamente a todos lados y nada halló.

La lectura lo tenía absorto aunque a veces un ojo se le escapase por el rabillo para analizar cualquier cosa que fuese diferente a la ordenada y habitual vida que llevana en su casita. Debe ser la lluvia volvió a decirse sólo con ánimo de apaciguar sus latidos que se aceleraban con el caminar de los minutos.

La lectura iba acelerando su paso y el temor de Tejón crecía: "Hay... hay al.. algu...alguien por... ahí?" preguntó quedo casi sin poder percibirse en el aire el hilo de voz que ocupaba. Sí, sí, Tejón el de la voz grave y segura yacía en su poltrona muerto de miedo.

La noche no avanzaba, el día no aparecía, el tic-tac del reloj de la chimenea seguí un invariable curso y el frío y ese ruidito tenue que tiene el silencio se hacía cada vez más enigmático.

Un relámpago lo hizo saltar de su asiento casi como si le hubiese pegado a él. Madre Santa! exclamó el podre Tejón asustado, fue en eso que miró la portada de su libro: "La Historia del Dr. Jekill y Mr. Hyde" un clásico del terror. Soltó una pequeña risa controlada, como la mayoría de las cosas que hace Tejón, se sintió aliviado al saber que tanta lectura de cosas terribles parecía estar afectándolo. una noche larga, el frío, el silencio y la lluvia, claro, sin duda es la lluvia, habían hecho un escenario terrorífico en la pacible cabañita y en la mente de Tejón.

Tomó su pipa otra vez y sacó otro libro: "El Principito" y se dispuso a sentir otra vez cómo lo esencial es invisible a los ojos. Claro, sin saber que mientras él se calmaba un enorme misterio comenzaba a fraguarse en la Mansión Sapo, pero de eso te cuento en mi próxima carta, mientras me entero de más detalles con Julius, Topo y por cierto, con Sapo.


Un beso gordito. ¿Te gustó la lluvia? ¿crees que deberia llover siempre?

Te envío una foto de las acostumbradas tertulias en casa de Tejón, es del momento que nos contó de esta peculiar noche que vivió. Espero te guste.


Te quiere,


Tu papá.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso blog. Lleno de ternura, fantasía, seres maravillosos y mucho, mucho amor. Enhorabuena chiquitín. ¡Te ha tocado el mejor papá del mundo! de éste y del lugar donde se viven los cuentos.
Felicidades.